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Mi historia| "No terminará en muerte" | Glenda Valenzuela

Foto del escritor: Botswana Hinojosa Perez
Botswana Hinojosa Perez
24 abr 2020
7 min de lectura

¡Hola! Mi nombre es Glenda Valenzuela, tengo 21 años, actualmente soy consultora de belleza en un spa/clínica de belleza pero estudio gastronomía. Tengo dos hermanos mayores y un pug que se llama Junior. Disfruto mucho cocinar para mi familia, me encanta tomar fotos, cantar, bailar, pasar tiempo con mi familia y mi novio. Soy una persona alegre, positiva, inteligente, terca, impulsiva, perfeccionista, independiente y decidida, ¡un poco de todo!

Hoy les quiero contar un poco acerca de un proceso que pasamos con mi mamá hace unos años: en el 2014 (yo tenía 15 años) ella fue diagnosticada con cáncer de mama, era un tumor del tamaño de un huevo.


Una noche antes de que le dieran los resultados, yo estaba platicando con Dios y de repente me entró un pensamiento MUY fuerte que realmente no puedo explicar que decía: “Tu mamá tiene cáncer, ora por ella.” No puedo expresar todo lo que sentí, pero si recuerdo que entre lágrimas empecé a orar y clamar por mi mamá como nunca lo había hecho.


Al siguiente mi papá y mi mamá nos reunieron en la sala para decirnos que, en efecto, ella tenía cáncer. La cara de mis hermanos estaba congelada, serios, sin saber qué hacer o decir, pero al final de cuentas ¿qué se hace en un momento como ese? Yo solo recuerdo que no me cayó como baldazo de agua fría, tenía la sensación de “no sé por qué siento ya sabía”, y es que Dios tan hermoso había tenido el gran detalle de preparar mi corazón.


Las siguientes horas yo estaba súper intranquila, no tenía paz para ponerme a orar o escuchar música o alguna conferencia, entonces abrí la app de la biblia e hice lo que nunca debemos de hacer, al dedazo jaja tanto el libro como en capítulo, pero para mi sorpresa terminé en Juan, en la historia de Lázaro, justo en un versículo clave:

Juan 11 (NVI)

11 Había un hombre enfermo llamado Lázaro, que era de Betania, el pueblo de María y Marta, sus hermanas. 2 María era la misma que ungió con perfume al Señor, y le secó los pies con sus cabellos. 3 Las dos hermanas mandaron a decirle a Jesús: «Señor, tu amigo querido está enfermo».

4 Cuando Jesús oyó esto, dijo: «Esta enfermedad no terminará en muerte, sino que es para la gloria de Dios, para que por ella el Hijo de Dios sea glorificado».

Desde ese momento el versículo 4 se convirtió en nuestra ancla, cada que las cosas se ponían difíciles y los doctores mandaban a mi mamá a despedirse de su familia porque ya no le daban ninguna esperanza para vivir, nosotros nos agarrábamos a la promesa que Él nos dio como familia.

Por otro lado, por mucho tiempo nosotros nos aferramos a un milagro de sanidad instantáneo, queríamos que el obrar de Dios fuera como un microondas que te da todo al instante, pero no fue así, tuvimos que aprender a esperar, tuvimos que aprender a creer, confiar y valorar la prueba.


Si has pasado por alguna situación parecida sabes muy bien que en esos momentos no tienes nada a que aferrarte, no hay salud, no hay economía, no hay estabilidad emocional… Había noches enteras que me la pasaba llorando, que no podía ni pronunciar una oración a Dios porque mi llanto no me dejaba, había días que no tenía ganas de salir, de comer, de ir a la escuela, al trabajo, a la iglesia. Y aun así las personas se acercaban y nos decían: “WOW, yo no sé cómo le hacen para ser tan fuertes, los veo y no pareciera que están pasando por todo esto, yo los admiro”… y ¿sabes? Era imposible que nosotros pudiéramos hacer eso. Ahí es cuando nos dábamos cuenta que era Él a través de nosotros, que Él nos fortalecía y Su palabra nos sostenía cada día.

Pasaron 3.5 años impresionantes, los doctores la habían dado 6 meses de vida y cada que ella iba a consulta ellos se impresionaban y decían: “no entiendo qué está pasando, usted debería de estar en estado vegetal o muerta". Claro que nosotros sabíamos que Su palabra estaba cobrando vida en la vida de mi mamá, Él estaba siendo glorificado cada día. Todo iba MUY bien, creíamos que ya la habíamos hecho hasta que…


Noviembre 2018. Mi mamá empezó a tener síntomas que nunca había experimentado, empezaron de nuevo todos los estudios, horas de espera en hospitales y consultorios, muchísimos doctores y muchas opiniones. Mi mamá ahora tenía cirrosis, fue un “efecto secundario” de las quimioterapias y tantos medicamentos para el dolor, su hígado estaba en muy mal estado y los síntomas físicos eran horribles; cada día ella tenía menos fuerzas para caminar y moverse sola, por lo que tomé la decisión más difícil que he hecho en mi vida: no entrar a la universidad y salirme de trabajar para poder cuidarla de tiempo completo. Nunca había disfrutado y sufrido tanto una temporada.


Estuve aproximadamente 4-5 meses con ella, me tocó cuidarla y ser su enfermera, aprendí a hacer comida y llegamos al punto de darle de comer en la boca, cargarla para llevarla al baño, subirla al carro para ir a las consultas fueron horas eternas de espera en hospitales y consultorios. Yo creo que lo más más difícil fue el bañarla, cambiarla, darle de comer con un gotero y verla apagarse poco a poco. Pero ¿saben? aun así ella JAMÁS perdió su fe o dudó, cada día ella nos animaba y nos bendecía de una manera que estoy segura que nadie más lo va a hacer. Ella es mi héroe de la fe.


Mi mamá falleció un 24 de Julio del 2018. Después de una mañana muy inestable ella me dijo que estaba cansada y yo entendí lo que estaba por pasar. Le hablé a mi papá para que se saliera de su trabajo y mientras yo me quedé con ella, tomé sus brazos y los puse alrededor de mi para poder acurrucarme una última vez, poderle decir que la amo y agradecerle por 19 años de tanto amor y enseñanzas. Pasaron aproximadamente 10-15 minutos, a ella le costaba respirar, ya no podía hablar y apenas podía abrir sus ojos.

Llegó el momento, le conté que Dios me había estado hablando acerca de Juan 11:4: «Esta enfermedad no terminará en muerte, sino que es para la gloria de Dios, para que por ella el Hijo de Dios sea glorificado». Por 4 años nos aferramos a un milagro de sanidad física, y esos últimos días Dios cambió mi forma de verlo drásticamente, su enfermedad no iba a terminar en muerte, iba a terminar en vida eterna (otra vez mi papá Dios hermoso con sus detalles de prepararnos desde antes). Le dije que estaba bien que descansara, que era el momento. Llegó mi papá a atender a mi mamá, yo salí 5 minutos del cuarto y cuando volví le hablamos y no respondió. Ella estaba descansando.


Mi familia empezó a llegar a mi casa, algunos amigos cercanos de mis papás y mi novio. En ese momento en el que todos entraban con lágrimas en sus ojos yo decidí irme al patio e hice una oración tan simple pero con tanta fe: “Señor, danos paz. Que te puedan ver a ti a través de nosotros” y volví a entrar a mi casa.


El funeral estuvo hermoso. Estoy segura que muchas que están leyendo esto estuvieron ahí y podrán recordar algunos momentos. Entrabas al lugar y podías sentir Su presencia, Su paz y Su amor.


La primera semana fue la más difícil, ahora yo estaba en casa sola todo el día; es imposible describir todo lo que sentía en esos momentos y lo único que podía pensar y preguntarle a Dios era si algún día iba a dejar de extrañarla y si iba a dejar de sentir eso que parecía durar una eternidad. Luego hubo un período de paz y tranquilidad. Después de ahí entré como en un proceso de negación en el que no quería hacer nada, no quería levantarme de la cama, bañarme ni comer, yo ya había entrado a la escuela y había días que no iba porque no podía levantarme. Fue un año muy difícil.



Pero ¿saben? Todos vivimos un proceso de duelo muy diferente y yo tuve que aprender eso. Aprendí a tenerme paciencia, a no ser tan exigente conmigo misma, a amarme y amar mis procesos, entendí que está bien no estar bien, está bien llorar, está bien que a ti te tome más tiempo que a otros. En éstos tiempos que he aprendido a ser más vulnerable me gusta recordar éste versículo.

*pero Dios me ha contestado: «Mi amor es todo lo que necesitas. Mi poder se muestra en la debilidad.» Por eso, prefiero sentirme orgulloso de mi debilidad, para que el poder de Cristo se muestre en mí. 2 Corintios 12:9 TLA


Su propósito

Definitivamente no se lo deseo a nadie, pero si volteo atrás, me doy cuenta que es lo mejor que pudo pasarnos como familia y como personas; hoy somos más fuertes, más unidos, más valientes, más vulnerables…

Hoy entiendo que el milagro más grande que vimos en mi mamá fue tenerla 4 años con nosotros cuando le habían dado alrededor de 6 meses de vida y la desahuciaron incontables veces.

Además de ver Su provisión, Su abrazo, Su amor hacia nosotros, como la gente de la congregación se acercaba a nosotros y nos daba palabras de ánimo, palabras de parte de Dios, un abrazo o simplemente un "no lo entiendo pero aquí estoy con ustedes"

Creo firmemente que todo tiene un propósito y si yo pasé por esto creo que el compartirlo puede ayudar a alguien más. Nunca lo había hecho tan abiertamente así que espero haya sido de bendición en tu vida y que Dios te haya hablado de alguna manera.

Y recuerda: todo va a estar bien, esto también pasará, TODO obra para bien.


Por: Glenda | Mi instagram: Click aquí


No tengo palabras para describir todo lo que aprendí a través de esta historia. Sólo puedo decir: ¡Qué bueno es Dios! Glenda es una mujer fuerte, valiente, que inspira y levanta. Literalmente, Dios inspiró a Glenda a escribir esto unos pocos días antes que yo le pidiera escribir su historia, Dios otra vez, como lo menciona su historia, le habló otra vez para hablarte a ti a través de esta historia.

Con amor, Botswana

 
 
 

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