"Hello, my name is ...." | Mi historia | Fernanda Cadena

Actualizado: 31 ago 2020
Soy Fer Cadena y me siento súper privilegiada de que hoy puedas conocerme por acá.

Tengo 23 años, nací en Tampico, Tamaulipas; pero vivo en Ciudad Juárez desde hace 6 años y ha sido uno de las mejores cosas que me han pasado. Estudio el noveno semestre de la Licenciatura en Educación en la universidad y me encanta. Tengo el regalo de llamar casa a Comunidad Olivo, el lugar en que he encontrado familia, propósito, sueños y que he conocido a Dios como nunca antes. Amo ser mexicana (la comida, oh my), amo los perritos Golden Retriever, amo con locura el café frío, y sobretodo, amo con todo lo que soy servir a Dios y a las personas.
Honestamente, estar escribiendo hoy estas líneas no es nada fácil para mí. Si eres como yo, esto de ser vulnerable y hablar con el corazón al desnudo, no te parece de lo más cómodo. Pero tengo la convicción de que todas tenemos una historia que contar, que Dios puede usar mucho más allá de lo que nos imaginamos.
Estoy segura que esta temporada ha sido difícil para la mayoría, en maneras distintas. Quiero contarte un poco de lo que a mí me ha tocado vivir en estos meses de cuarentena, pero antes necesito explicarte unos detalles para que entres en contexto. Soy parte de una familia algo peculiar. Mi mamá biológica falleció cuando yo tenía 9, de una enfermedad muy extraña que le duró 4 años. Mi papá decidió formar una nueva familia y eso nos convirtió en una familia combinada de 7 (algo así como la película Blended), toda una aventura que nos ha regalado memorias increíbles. Después de muchos años de buenas y no tan buenas, hace 2 meses mis papás decidieron divorciarse, y la verdad, ha sido de las temporadas más difíciles que he experimentado.
Amo que Dios no provoca todos los procesos que vivimos, pero sí decide usarlos para hablar a tu corazón. Dentro de todo lo complicado de la situación, he tenido algunos días de esos en que sientes que se acabó el mundo, que nada tiene sentido, que nada es suficiente y que nada puede mejorar, de esos que quieres renunciar a todo, que sientes que hay un vacío tan grande en tu corazón que no sabes si será posible llenarlo, ¿te ha pasado?
A raíz de los sucesos que he vivido a lo largo de los años, hace poco me di cuenta que en realidad no me conocía a mi misma, no tenía idea quién era. Esta falta de identidad me llevó por años, a creerme cada una de las etiquetas que las personas (y a veces yo misma) ponían sobre mi frente: la insegura, la amargada, la tímida, la antisocial, la mini mamá, la bipolar, la de la familia rara, la de la familia rota, la calladita, la santita que hace todo lo que le dicen, la que siempre llora, la que no se defiende, la miedosa que no puede lograr nada… y la lista podría seguir. Por mucho tiempo viví permitiendo que cada una de estas etiquetas guiaran mis acciones, aún conociendo a Dios, le bajé el volumen a Su voz, y dejé que el miedo determinara mi caminar.
A mitad del mes de Julio, experimenté una crisis enorme en lo emocional y en lo espiritual. Viví una semana de mucha ansiedad, en que cada área de mi vida estaba rota; yo misma me alejé de Dios, de cada persona importante para mí, era un desastre con mis clases de verano, en fin, todo estaba mal. Volvieron a mi mente todas aquellas etiquetas que pensé que ya me había quitado. Soy alguien que piensa todo demasiado, pero me lo guardo, suelo reprimir mis emociones por temor al conflicto (estoy aprendiendo a mejorar en eso); pero ese fin de semana explotó la bomba y por fin decidí rendir todo el desastre de mi interior al único capaz de abrazar, consolar y restaurar cada parte de mí. Esa noche, Dios hizo algo en mi corazón que no puedo explicar tan bien con palabras, pero que sin duda marcó un antes y un después en mis días.
(Escuché ese día dos canciones que me quebrantaron por completo: Corazón abierto de Un Corazón (mis favoritos) y Even when it hurts de Hillsong UNITED, escúchalas por favor.)
Leí en el Salmo 82i28-29 y 33, las palabras hermosas de la promesa que Dios le hizo a David, y creo que hoy pueden traer descanso a tu corazón: “Mi amor por él será siempre constante, y mi pacto con él se mantendrá fiel. Afirmaré su dinastía y su trono para siempre, mientras el cielo exista. Con todo, jamás le negaré mi amor, ni mi fidelidad le faltará.” En el versículo 2, el salmista escribe: “Declararé que tu amor permanece firme para siempre, que has afirmado en el cielo tu fidelidad.”
Dios me recordó que Su verdad eterna puede abrazarme aún en los valles más profundos, aún cuando fallo todos los días, para Él sigo siendo Su hija, sigo siendo amada, perdonada, restaurada y valiosa; que Su voz es la primera que importa, que Su gracia permanece, que Su amor no se rinde.

Quizás las etiquetas en este mundo van a existir siempre, pero tu eliges cuál sí te vas a poner; que sean las palabras de tu Creador, las verdaderas, las del único que te ama con locura y de manera incondicional, que te llama por tu nombre, al que perteneces. Tu pasado, tus errores, tu familia, tu carrera, e incluso tus propias ideas de ti misma NO definen tu identidad ni tu valor.
Su amor, Su fidelidad, Su bondad nunca se terminan. Escoge creer en Su verdad, es la única que determina quién tú eres.
Por: Fernanda Cadena
Fernanda es de esas mujeres que iluminan la vida, inspiran y levantan. Estoy segura que cambiará el mundo de muchos y hará historia ¡Qué admirable eres! Todos tenemos mucho que aprender de ella.
Con amor, Botswana Hinojosa



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