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Mi historia | El dolor es necesario para volar | Sandra María Pérez

Foto del escritor: Botswana Hinojosa Perez
Botswana Hinojosa Perez
10 may 2020
4 min de lectura


Durante nuestra etapa de los 20’s...


Algunas viajan a un retiro y se empapan de experiencias revitalizantes que las hacen reflexionar y cambiar de perspectiva.


Algunas empacan su maleta y son despedidas con fuertes abrazos en el aeropuerto para despegar a una tierra lejana llena de nuevas aventuras y experiencias, en donde podrán forjar carácter y eventualmente, crecer.


Algunas empacan su maleta y se despiden de su familia al independizarse, no sin antes haber acordado días y horas para comidas familiares y reuniones sin faltas justificadas, ya que su departamento y una agenda que correr por ellas mismas, las esperan.


A otras, les llega el casamiento o un trabajo estable, tal vez la bendición de un hijo o de un nuevo amor o la maravillosa idea del millón.


Y pueden ser estos casos los que llegan y las hacen despertar y darse cuenta de que la hora de ser mujeres, esforzadas y valientes, ha llegado.


A mi

no.


A mí me llegó repentinamente la noticia de que la hermosura que tenía de mamá había partido y ahora vestía de gloria.


Y créanme cuando les digo que a mis 20 años no fue así como esperé sentir que sería el crecer, el verme al espejo y esperar ver una mujer madura y fuerte, en ánimo y en fe. No fue así como espere saberme valiente y decidida.


Yo no, pero Dios

sí.


El proceso de la metamorfosis, de oruga a mariposa, es un constante recordatorio en los días en los que necesitamos saber que después de un duro invierno llega la refrescante primavera. Así, de una serie de cambios, llegan las alas y la belleza de una nueva criatura que se quedó quieta por un largo periodo de tiempo, esperando el momento perfecto para salir a conocer, a conocerse.


Y es que lo hermoso de las alas de la mariposa, radican en la hermosura del dejar que el tiempo cumpla su magia.


Pero antes de maravillarnos con este magnífico final, ¿cómo es que la mariposa sale de su capullo? Y más importante aún ¿quién le dijo que podía volar?


Dentro del corazón de la oruga hubo un propósito sellado con un puño de tierra y un soplo de vida, y sin que la oruga hiciese nada para obtener el mérito y el poder de volar, por gracia y por amor, este propósito yacía en ella desde el momento de su creación.


Así dentro del capullo, la mariposa tiene que hacerse de una manera de poder salir, de concluir con su ciclo y comenzar otro. Es por eso por lo que miles de veces con aleteos, jalones y empujones, es como intenta salir. Y son precisamente esta serie de golpeteos que hacen que, a duras penas, a base de mucho dolor y constante esfuerzo, las alas de la mariposa consigan ser lo suficientemente fuertes para poder salir de su capullo, y no solamente eso, sino ser capaces de incursionar en la nueva vida que se presenta ante ella.


El dolor generado por romper con sus alas su capullo es el necesario para asegurar que éstas serán lo suficientemente fuertes para volar.


Si algo puedo decirte que he aprendido en este año y medio de extrañar la presencia de mamá, es que nuestro mundo será sacudido, a veces un poco o a veces un mucho y éstos temblores serán lo suficientemente fuertes para desarmarnos pieza por pieza. No te preocupes, eso no significa que estés rota.


Al contrario, ¡felicidades! has crecido tanto que las piezas que te conformaban ya no son las que necesitas. Estas ahora por tener un juego completamente nuevo de ideas, sentimientos, habilidades, y capacidades por desarrollar, para cumplir la siguiente etapa de tu vida.


Permítete como barro en manos del alfarero, dejar que Dios moldee un nuevo corazón en ti para que seas capaz de amar en tiempos de división, capaz de cantar en tiempos de destrucción, capaz de reír en tiempos de angustia, capaz de creer en tiempos de soledad, capaz de echar raíces en tiempos de sequía. Dios forjará en ti como diamante en fuego un carácter destellante, un futuro deslumbrante, una fuerza incomparable y perfeccionará el propósito que yace en ti, desde mucho antes de nacer.


No te miento.


A veces tengo miedo. A veces tengo malos sueños. A veces lloro y lloro pensando que ésto no tiene remedio. A veces siento que no puedo, que no tengo fuerzas para seguir y mi propósito cumplir. Pero ¿sabes? todas esas son señales de que lo mejor está por venir.


Así que cuando recuesto mi cabeza en mi almohada y lo oscuro de mi recámara parece ser un túnel sin salida, recuerdo que hace dos mil años, mi Dios se entregó a sí mismo a manera de que el túnel que parece tratar de asfixiarme y dejarme sin aliento se convierta en la más linda de las noches, con un hermoso cielo estrellado en presencia de una linda amiga llamada luna. Así me duermo tranquila sabiendo que el sol pronto saldrá y que Él me ha prometido que mi vida, como la aurora en aumento irá, hasta que el día sea perfecto.


Amiga, se paciente y disfruta tu tiempo dentro del capullo, que pronto necesitarás de todas tus fuerzas para ganar esa batalla contra tus limitantes. Recuerda que el dolor es necesario, porque en nuestra debilidad, el poder de Dios se glorifica, nos transforma en algo hermoso, como a la pequeña oruga en mariposa.


Cosas nuevas, cosas mejores vienen, cosas de las que nadie ha oído o escuchado hablar. Se paciente y espera. Pronto las conocerás. Pues el ha prometido llevarte a donde parecía imposible llegar, abriendo caminos en el desierto. Por su eterno amor, vida te dará y te hará florecer en donde has sido plantada, pues ríos correrán en la soledad.


Por: Sandra María Pérez | Instagram Clíck aquí


Conozco a Sandra desde que tengo 11 años, la he visto crecer y triunfar. La admiro por su creatividad, valentía, frescura y amor por Dios y por lo que hace. Estoy segura que algún día la veremos en lugares que "ni ojo vio, ni oído vio".

Con amor, Botswana


 
 
 

1 comentario


Valeria Amador
Valeria Amador
11 may 2020

Sin duda una mujer fuerte, hermosa y valiente

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